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Teletrabajo y más allá

El teletrabajo nos está haciendo aprender mucho a las empresas. De repente nos hemos visto obligados a romper barreras que nos habíamos autoimpuesto. Muchos habíamos hecho pruebas con el teletrabajo pero casi siempre de forma residual. El confinamiento nos lo ha puesto todo del revés. Trabajar desde casa ha dejado de ser una opción para convertirse en una obligación. Y ahora que nos planteamos volver a la oficina no dejamos de ver que el teletrabajo tiene ventajas a las que no queremos renunciar. Incluso nos planteamos ir un paso más allá.

Trasladar las oficinas a casa no fue fruto de una decisión meditada. Lo hicimos rápido, obligados por la situación. Si queríamos seguir trabajando teníamos que hacerlo a distancia. Entonces no sabíamos que la experiencia iba a prolongarse durante tantos meses. Seguramente si lo hubiéramos sabido habríamos sentido un poco de vértigo pero no fue así. Teníamos el convencimiento de que iban a ser sólo unas pocas semanas.

Aun así, solo podemos decir de la experiencia que está siendo muy positiva para todos, porque estamos aprendiendo mucho. Y nos planteamos que si esto está funcionando cuando parecíamos tenerlo todo en contra (improvisación, hogares no preparados, niños en casa, incertidumbre económica, negocios paralizados por la crisis originada por la pandemia…), ¿por qué no va a seguir funcionando ahora que ya estamos mejor preparados?

La distancia no es un problema

Lo primero que tuvimos que adaptar fue la forma de mantenernos conectados entre los miembros del equipo de la mejor forma posible. Acostumbrados a compartir el mismo espacio de trabajo, la distancia podía convertirse en un problema pero afortunadamente hemos sabido resolverlo para que no sea así. Hemos establecido vías de comunicación continuas y seguras tanto entre los miembros del equipo de trabajo como con los clientes. Compartimos continuamente impresiones y estamos permanentemente en contacto.

De esta forma, el espacio de trabajo no es problema, la comunicación tampoco, y, respecto al resto, la tecnología nos lo ha puesto fácil. Somos una agencia de marketing digital y estamos acostumbrados a trabajar online, así que no hemos tenido que introducir apenas cambios en nuestro funcionamiento.

Gigantes tecnológicos como Google y Facebook anunciaron ya hace semanas que se tomarán con calma la vuelta a las oficinas. Ésta será paulatina y voluntaria, sólo para los que quieran hacerlo, y el resto podrá quedarse trabajando desde casa al menos hasta final de año. Google anunció además que el teletrabajo será definitivo para muchos de sus empleados.

¿Qué ventajas puede acarrear esta nueva situación para las empresas? Muchas. Para empezar, trabajadores más contentos, con posibilidad de conciliar su vida personal y laboral. Personas con más control sobre su tiempo, que pueden trabajar tanto desde casa como desde la oficina, dependiendo de las necesidades de la empresa y de las suyas propias. Se trata de trabajar más pensando en el cumplimiento de los objetivos que en el reloj, aunque siempre de forma razonable para todos.

Ahorro para todos

Por otra parte, el ahorro. Ahí todos ganan. El trabajador ahorra tiempo y dinero porque no tiene que desplazarse. La empresa, por su parte, puede replantearse sus necesidades con menos personal en la oficina. Es posible que no necesite unas instalaciones tan grandes y pueda ahorrar algo en el alquiler, pero lo que sí es seguro es que gastará menos en conceptos como la electricidad, el agua, los consumibles e incluso la limpieza.

Y ahora que hemos perdido el miedo a las distancias, ¿por qué no externalizar servicios como el de marketing? ¿Sería beneficioso para la empresa? Mantener una buena comunicación es vital para la supervivencia de las pymes. Ahora más que nunca, es importante desarrollar una estrategia que les permita hacer llegar su mensaje al cliente de forma satisfactoria. En Mute somos especialistas en ello. Ya hemos ayudado a muchas empresas a hacerlo y queremos seguir haciéndolo.

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Llegó cuando casi nadie lo esperaba. Así, sin avisar. Por obligación. Era eso o nada. La mayoría de las empresas lo plantearon de esa forma: o teletrabajamos o cerramos. Y cerrar siempre es la última opción. Nadie quiere morir si tiene alguna posibilidad de sobrevivir. Y el teletrabajo se planteó como eso, como la única opción de supervivencia. Apenas tres meses después la situación es bien distinta: el teletrabajo es una nueva realidad que ha venido para quedarse. Y esto es así porque el teletrabajo se ha revelado como una opción que ofrece algunas ventajas sobre las formas tradicionales de trabajar que hay que tener muy en cuenta.

La pandemia ha traído consigo el mayor experimento de teletrabajo de la historia. De la noche a la mañana, millones de personas en todo el mundo trasladaron las oficinas a casa. Gracias a ello, solo en España un tercio de los trabajadores de todo el país pudieron salvar sus empleos, según los datos de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas).

Y es que España nunca ha sido, hasta ahora, un país demasiado proclive al teletrabajo. Hasta que el COVID-19 nos confinó en casa, sólo el 4,3% de los trabajadores (unos 850.000) ocupados lo hacía desde el hogar, según los cálculos del Instituto Nacional de Estadística (INE). El propio INE estima en 4,4 millones (un 22,3%) el total de trabajadores que podría desarrollar su labor siempre desde casa. ¿Qué significa esto? Que si el teletrabajo ha venido para quedarse, como suponemos que será, muchos de los que trasladaron sus oficinas a casa allá por mediados de marzo puede que nunca vuelvan a ellas, o que vuelvan pero de diferente manera.

La pandemia no solo ha cambiado la visión del mundo para las personas sino también para las empresas. Ha roto miedos que ahora se demuestran infundados. Si alguien pensaba que el trabajador no rendiría de igual forma en casa sin la supervisión de sus superiores puede que ahora haya podido comprobar que estaba equivocado. Puede que incluso haya empezado a ver que tener al trabajador en casa le puede reportar beneficios.

Por ejemplo, puede plantearse que no necesita tener una oficina tan grande, porque al menos parte de la plantilla puede trabajar desde casa. Esto le supondrá un considerable ahorro en el alquiler pero también en otras partidas como el gasto en electricidad, agua, mantenimiento de instalaciones y consumibles. 

Además, es bastante probable que si se desarrolla una buena política en este sentido pueda tener trabajadores más contentos y eficaces. El teletrabajo ofrece una oportunidad de flexibilidad que antes no existía. Es decir, el trabajador podrá elegir ir a la oficina o trabajar desde casa, o pasar algunos periodos en la oficina y otros en casa. También es posible que los horarios se puedan encajar de diferente forma para conciliar la vida laboral y familiar o para conciliar trabajo, familia y ocio. Es decir, si un día no puedes estar conectado desde las 9.00 de la mañana, seguramente no pasa nada si te conectas más tarde y acabas más tarde. 

Si tenemos en cuenta que ya antes de esta crisis un estudio de Randstad aseguraba que la inmensa mayoría de los trabajadores en España (hasta un 70%) apostaba por trabajar desde casa si ello fuera posible, ahora afirmamos rotundamente que sí, que el teletrabajo ha venido para quedarse. Los últimos meses han demostrado que para muchas empresas el teletrabajo no solo funciona sino que puede ser positivo, por lo que lo lógico es pensar que estas empresas van a mantener, aunque sea en parte, el modelo de los últimos meses.

Nosotros también vamos a hacerlo. En Mute estamos teletrabajando desde principios de marzo con normalidad con nuestros clientes, que también estaban teletrabajando. Hemos experimentado juntos fórmulas hasta encontrar la que nos ha permitido mantener una actividad óptima. El contacto entre los trabajadores que formamos la agencia es continuo, y también lo es el que mantenemos con nuestros clientes. 

La clave, en el futuro, es conservar ese equilibrio entre lo presencial y el teletrabajo que nos permita funcionar con normalidad como empresa y mantener contentos a trabajadores y clientes. Ahora sabemos que podemos hacerlo porque estos meses nos han dado la oportunidad de comprobarlo.

BENDITA NORMALIDAD

En las últimas semanas no nos ha quedado otra que familiarizarnos con términos como cuarentena, confinamiento y desescalada (palabra que, por cierto, los académicos van a verse obligados a incluir en el diccionario, porque aunque parezca increíble, existir, no existe). Ahora lo que empieza a resonar con fuerza en nuestro cerebro es la palabra normalidad. A lo único que aspiramos es a volver a la normalidad. Bendita normalidad.

¿Os acordáis cuando sin pensarlo dos veces salíamos de casa para ir de compras? ¿O cuando íbamos al supermercado sin mascarillas? ¿Cuando para viajar solo le tenías que pedir autorización a tu jefe? ¿Cuando podías salir a correr sin masificaciones porque podías hacerlo a cualquier hora del día y por cualquier lugar? Pues volver a eso que antes no valorábamos es lo que queremos. Queremos normalidad.

En las últimas horas parece que todo se ha acelerado. El anuncio de la próxima apertura de las fronteras para permitir la entrada del turismo nos coloca mucho más cerca de la normalidad, porque para que ello ocurra entendemos que habrá libertad de movimientos para todos. Los bares, restaurantes y resto de comercios estarán abiertos aunque mantengan alguna restricción, y podremos plantearnos nosotros mismos (aunque sea con mascarillas y geles desinfectantes) viajar y reservar hoteles.

A ese anuncio se ha unido además la constatación de que algunas zonas del país estarán pronto fuera del estado de alarma, lo que nos hace ser optimistas y pensar que se está avanzando hacia la recuperación. Y es que pensar en normalidad es justamente eso, pensar en recuperación, en que muchos de los que perdieron su puesto de trabajo podrán recuperarlo, y en que a partir de ahí podrá volver a engranarse una economía que se ha visto duramente golpeada. 

En Málaga y en nuestro barrio, el Soho, empieza a percibirse esa vuelta a la normalidad. Desde el martes 26 de mayo están abiertos los museos, que se han convertido en una importante seña de identidad de la ciudad. Esta reapertura ha sido muy bien recibida por los malagueños, que han demostrado sus ganas de normalidad visitando las instalaciones del Museo Picasso Málaga, el Museo Ruso o el Centre Pompidou. Las visitas son además gratuitas durante esta primera semana para todos, y lo serán durante todo un año para los trabajadores de la Sanidad y de las Fuerzas de Seguridad a los que tanto hemos aplaudido durante estos días.

Antes de la apertura de los museos, las calles ya empezaban a recuperar su pulso con la reapertura parcial de las terrazas de bares y restaurantes, así como del tan necesario comercio. Ya queda menos. Después del pequeño comercio abrirán las grandes superficies. Y tras las terrazas de los bares, empezaremos a llenar los interiores, y por último a ocupar las barras. Y volveremos a nuestras oficinas, y a las celebraciones con toda la familia. Lo haremos poco a poco y de forma segura, pero lo haremos. Ya queda menos para volver a lo que más queremos. Bendita normalidad.